EL CAPITAL
DESARROLLO DE LA PRODUCCIÓN CAPITALISTA
SECCIÓN PRIMERA
MERCANCÍA Y MONEDA
Capítulo primero
LA MERCANCÍA
1. Valor de uso y valor de cambio. –Valor; su sustancia. –Magnitud del valor, tiempo del trabajo socialmente necesario. – II. Doble aspecto del trabajo. –Doble carácter social del trabajo privado. –Reducción de toda clase de trabajo a cierta cantidad de trabajo simple. – III. El valor, realidad social, sólo aparece en el cambio. –Forma del valor. – IV. Apariencia material del carácter social del trabajo.
La mercancía, o sea el objeto que en vez de ser consumido por el que lo produce está destinado al cambio y a la venta, es la forma elemental de la riqueza en las sociedades donde impera el régimen de producción capitalista. El punto de partida de nuestro estudio debe ser, por consiguiente, el análisis de la mercancía.
I. Valor de uso y valor de cambio
Consideremos dos objetos, por ejemplo: una mesa y una cantidad de trigo. En virtud de sus particulares cualidades, cada uno de estos objetos sirve para satisfacer necesidades distintas. Ambos son, pues, útiles al hombre, que de ellos hace uso.
Para convertirse un objeto en mercancía debe ser, ante todo, una cosa útil, una cosa que ayude a satisfacer necesidades humanas de esta o de la otra especie. La utilidad de una cosa (utilidad que depende de sus cualidades naturales y aparece en su uso o consumo) hace de ella un valor de uso.
Destinado un objeto por el que lo confecciona a satisfacer las necesidades o las conveniencias de otros individuos, es entregado por el productor a aquella persona a quien es útil y que quiere usarlo en cambio de otro objeto, y por este acto se convierte en mercancía. La proporción variable en que unas mercancías de especie diferente se cambian entre sí, constituye su valor de cambio.
Valor; su sustancia
Consideremos la relación de cambio de dos mercancías: 75 kilogramos de trigo, por ejemplo, son iguales a 100 kilogramos de hierro. ¿Qué quiere decir esto? Que en esos dos objetos diferentes, trigo y hierro, hay algo común.
Este algo no puede ser una propiedad natural de las mercancías, pues no se tienen en cuenta sus cualidades naturales sino en cuanto estas cualidades dan una utilidad que las constituye en valores de uso. En su cambio (y esto es lo que caracteriza la relación de cambio) no se atiende a su utilidad respectiva, y sólo se considera si se encuentra respectivamente en cantidad suficiente. Como valores de uso, las mercancías son, ante todo, de cualidad distinta; como valores de cambio, sólo pueden ser diferentes en cantidad.
Prescindiendo de las propiedades naturales, del valor de uso de las mercancías, sólo queda a éstas una cualidad: la de ser productos de trabajo.
En este concepto, puesto que en una mesa, una casa, un saco de trigo, etc., debemos hacer caso omiso de la utilidad respectiva de estos objetos y de su forma útil particular, no tenemos para qué preocuparnos del trabajo productivo especial del ebanista, del albañil, del labrador, etc., que les han dado aquella forma particular. Descartando así en estos trabajos su fisonomía propia, sólo nos resta su carácter común, y desde este momento todos ellos quedan reducidos a un gasto de fuerza humana de trabajo, es decir, a un desgaste del organismo del hombre, sin consideración a la forma particular en que se ha gastado esta fuerza.
Siendo resultantes de un gasto de fuerza humana en general y muestras del mismo trabajo indistinto, las mercancías manifiestan únicamente que en su producción se ha gastado una fuerza de trabajo; o de otro modo, que en ellas se ha acumulado trabajo.
Las mercancías son valores en tanto que son materialización de este trabajo, sin examinar su forma. Lo que de común se observa en la relación de cambio o en el valor de cambio de las mercancías es su valor.
Magnitud del valor, tiempo de trabajo socialmente necesario.
La sustancia del valor es el trabajo; la medida de la cantidad de valor es la cantidad de trabajo, que a su vez se mide por la duración y el tiempo de trabajo.
El tiempo de trabajo que determina el valor de un producto es el tiempo socialmente necesario para su producción, es decir, el tiempo necesario, no en un caso particular, sino por término medio, esto es, el tiempo que requiere todo trabajo ejecutado con el grado medio de habilidad y de intensidad y en las condiciones ordinarias con relación al medio social convenido.
La magnitud del valor de una mercancía no sufriría alteración si el tiempo necesario para su producción continuara siendo el mismo; pero éste varía cada vez que se modifica. La productividad del trabajo, es decir, con cada modificación que se introduce en la actividad de los procedimientos o de las condiciones exteriores, mediante las cuales se manifiesta la fuerza del trabajo; la productividad del trabajo depende, pues, entre otras cosas, de la habilidad media de los trabajadores, de la extensión y eficacia de los medios de producir y de circunstancias puramente naturales: la misma cantidad de trabajo está representada, por ejemplo, por ocho fanegas de trigo, si la estación ha sido favorable, y por cuatro en el caso contrario.
Por regla general, si la productividad del trabajo aumenta, disminuyendo el tiempo necesario para la producción de un artículo, el valor de éste disminuye, y a la inversa, si la productividad disminuye, el valor aumenta. Pero cualesquiera que sean las variaciones de su productividad, el mismo trabajo, funcionando durante igual tiempo, crea siempre el mismo valor, sólo que suministra en un tiempo determinado una cantidad mayor o menor de valores de uso u objetos útiles, según aumente o disminuya su productividad.
Aun cuando, merced a un aumento de productividad, se produzcan en el mismo tiempo dos vestidos en vez de uno, cada vestido continuará teniendo la misma utilidad que tenía antes de duplicarse la producción. Pero con los dos vestidos se pueden vestir dos hombres en lugar de uno, y por lo tanto, hay aumento de riqueza material. No obstante, el valor del conjunto de objetos útiles sigue siendo el mismo. Dos vestidos hechos en un tiempo igual al empleado anteriormente en hacer uno, no valen más de lo que antes valía un solo vestido.
Una modificación en la productividad que haga más fecundo el trabajo, aumenta la cantidad de artículos que este trabajo proporciona y, por consiguiente, la riqueza material: pero no modifica el valor de esta cantidad así materialmente aumentada si continúa siendo igual el tiempo total de trabajo empleado en su fabricación.
Sabemos ya que la sustancia del valor es el trabajo. Sabemos también que su medida es la duración del trabajo.
Una cosa puede ser valor de uso sin ser un valor. Basta para esto que sea útil al hombre, sin que provenga de su trabajo. Así sucede con el aire, las praderas naturales, la tierra virgen, etc. Un valor de uso sólo tiene valor cuando hay acumulada en él cierta suma de trabajo humano. Por ejemplo, el agua que corre por un río, aunque útil para muchas necesidades del hombre, no tiene, sin embargo, valor alguno; pero si por medio de cántaros o tubos se transporta el agua a un quinto piso, adquiere inmediatamente valor, porque para hacerla llegar hasta aquel punto se ha gastado cierta cantidad de fuerza humana.
Una cosa puede ser útil y producto del trabajo sin ser mercancía. Todo aquel que con su producto satisface sus propias necesidades, sólo crea un valor de uso por su cuenta personal. Para producir mercancías hay que producir valores de uso, con el fin de entregarlos al consumo general por medio del cambio.
Por último, ningún objeto puede ser valor si no es útil. Si un objeto es inútil, como se ha gastado inútilmente el trabajo que contiene, no crea valor.
II. Doble aspecto del trabajo